domingo, 1 de marzo de 2009

Epistemología de la didáctica

Por: César Correa Enríquez
Palabras clave: didáctica, reflexión
Introducción
En la acción educativa la didáctica tiene que ver con lo que hacemos, con lo que compartimos con los demás y con lo que tenemos como personas, por lo que aquí se aborda su importancia epistemológica en el ámbito de la educación aunada a una permanente reflexión que nos permita conocernos mejor en nuestro quehacer docente: lo que hacemos, lo que hacemos bien y lo que no hacemos bien y ayudar a responder a los “cómos” en el campo del conocimiento.
La didáctica tiene como objeto de estudio la enseñanza aprendizaje y gracias a ella podemos demostrar, planear, llevar a cabo y evaluar dichos procesos en el aula. Nos ofrece elementos teórico-metodológicos para integrar de manera congruente y acorde con las necesidades y características de nuestros educandos.
Villalobos (2002), nos dice que la didáctica es un proceso continuo de dar y recibir, "es el espacio educativo donde el estudiante es responsable de su esfuerzo y de su compromiso, primero consigo mismo y luego con los otros, así como es responsable de luchar contra la ignorancia, el egoísmo y la incompetencia. El docente, por su parte, es responsable y participante de las estrategias de aprendizaje que ofrece a sus estudiantes en el ámbito de la relación didáctica que se desarrolla".
Elaborar un programa didáctico tiene una función importante en la práctica docente ya que es un instrumento que guía el proceso educativo en sus fases de planeación, ejecución y evaluación. De él depende llevar a buen término el proceso enseñanza-aprendizaje y alcanzar los objetivos planteados, evitando la improvisación y la pérdida de tiempo. Así mismo, nos permite prever y aprovechar al máximo los recursos, tomando en cuenta todos los elementos que intervienen en el proceso.
Dichos elementos o momentos didácticos que nos señala Villalobos (2002) y que se sustentan la propia instrumentación didáctica son el diagnóstico, la planeación, la realización y la evaluación, más los siete elementos que a continuación se describen brevemente.
Primer elemento, el del estudiante y el profesor, binomio que implica una tarea conjunta, compartida, así como la interacción en todo el proceso enseñanza aprendizaje que permita autodesarrollo, autorrealización, cooperación y comunicación. La figura del educador se traduce en una actitud de disposición para ayudar, impulsar, fomentar, aconsejar y orientar al educando. En cuanto al educando, se le confieren actitudes de disposición, cooperación y participación en un acto de voluntad y libertad donde asuma un papel de constructor de su proceso de aprender a aprender.
El segundo elemento son los objetivos educativos, que así tienen que estar adjetivados porque deben conllevar las tres áreas de desarrollo del educando: cognitivo, centrado en los conocimientos; de dominio afectivo social, centrado en actitudes, sentimientos y valores, y el de dominio psicomotor, basado en habilites físicas y destrezas físicas.
Los contenidos educativos son el tercer elemento que se refiere a todo aquello que tiene un sentido eminentemente pedagógico y ético, a toda una selección lógica a partir de hechos básicos, ideas específicas, conceptos fundamentales y sistemas e pensamientos que implican toda una organización.
El cuarto elemento lo integra la metodología, entendida como el conjunto de métodos donde de cada método (camino a seguir), se desprende la técnica (medio a partir del cual desarrollamos el método) y de cada técnica el procedimiento (estilo docente).
Los recursos didácticos componen el quinto elemento. Cada persona tiene diferentes canales cognitivos por lo que toda la gama de recursos didácticos nos ayudarán para que cada estudiante aprenda a partir de su propio estilo de aprendizaje.
El espacio físico donde enseño y donde se concibe toda la infraestructura institucional, su visión, su misión, etc., es el sexto elemento y se conoce como el lugar.
Séptimo y último elemento es el llamado tiempo didáctico, que no es más que la concreción de minutos y segundos destinados al proceso de intercambio de la enseñanza aprendizaje y que implica un respeto fundamental para el inicio y el término.
Los conocimientos y el quehacer docente requieren también de la permanente reflexión como un valor intelectual indispensable para comprender la vocación educadora bajo los cuatro pilares que plantea la ONU: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir.
Conclusión
La epistemología de la didáctica es importante para es la selección cuidadosa de fines y medios apropiados para alcanzar objetivos, evita la riesgosa improvisación, disminuye el margen de error y hace eficaz el trabajo. Si a lo anterior le aunamos la constante reflexión y el compromiso ético a la labor, los resultados son excelentes y benéficos no sólo para los alumnos, sino para los propios profesores, las escuelas, las instituciones y en general, para nuestro país.
Referencias
Carreras, María Teresa (2009). Telesesiones 2, 3 y 5 del Módulo Didáctica y medios educativos en ambientes de aprendizaje de la Maestría en Valores para la Acción Educativa. México: ILCE.
Villalobos, Marveya (2002. Didáctica integrativa y el proceso de aprendizaje. México, D. F.: Trillas, pp. 45-50

lunes, 16 de febrero de 2009

Resumen sesión 3

Maestría en Valores para la Acción Educativa
Didáctica y Medios Educativos en Ambientes de Aprendizaje

Sé, por sentido común y experiencia profesional de la importancia de la planeación, pero en el contexto educativo la relevancia es mayor y emocionante. Y digo emocionante porque pienso que en cada planeación que se haga existe un reto al conocimiento, experiencia, currículum, creatividad y compromiso del docente, además de que seguro existe una satisfacción al ir evaluando y reconociendo los éxitos y fracasos, que dan origen a una nueva planeación que busque solucionar problemas reales.
Programar, significa fijar metas en determinado tiempo, usando una metodología que concentre los métodos, técnicas y procedimientos, además los recursos humanos, materiales, tecnológicos y financieros que se requieren, estableciendo la cantidad y calidad en resultados. La programación es la selección cuidadosa de fines y medios apropiados para alcanzar objetivos., evita la riesgosa improvisación, disminuye el margen de error y hace eficaz el trabajo. Si a lo anterior le aunamos el compromiso ético a la labor, los resultados son excelentes y benéficos no sólo para uno sino para los demás, para los alumnos, las escuelas, las instituciones y en general, para nuestro país.

Resumen Sesión 2

Maestría en Valores para la Acción Educativa
Didáctica y Medios Educativos en Ambientes de Aprendizaje

Didáctica, pedagogía, currículum, queramos o no van ligados, van interrelacionados y son utilizados y practicados por todos los que de alguna forma u otra participamos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Abordamos y utilizamos conocimientos, metodologías, técnicas, procesos, etc., relativos a cada uno de ellos y los aplicamos de acuerdo a nuestros objetivos o a los objetivos que muchas veces indican los programas que hay que cumplir. Sin embargo, pienso que lo que verdaderamente importa es el compromiso que se adquiere en el proceso enseñanza-aprendizaje tanto del docente como del alumno, aunque la mayor parte recaería en el docente pues su creatividad, aliento conocimiento y actualización de éste, influye en el aprendizaje y colaboración del educando. Y me refiero a compromiso como una garantía de una formación científica y psicopedagógica y no una azarosa improvisación ni una perezosa entrega al azar.
Pienso que enseñanza-aprendizaje es una labor constante de actualización pedagógica y didáctica que lleve a la reflexión crítica y a la solución de problemas reales, a reformas que partan de uno y lleguen a abarcar comunidades, instituciones, programas, políticas y comportamientos. Mejorar a través del cambio. Involucrar al alumno en la identificación de solución de problemas que afectan en nuestra comunidad, a ser parte de la investigación y a que se sienta también parte de la solución.

Resumen Sesión 1

Maestria en Valores para la Acción Educativa

Didáctica y Medios Educativos en Ambientes de Aprendizaje

La didáctica es un proceso continuo de dar y recibir Villalobos (2002). En el proceso de esa enseñanza y aprendizaje el educador puede ser un artista, un gran motivador e integrador, un técnico e incluso un científico fundamentado. Creo que una persona puede ser autodidacta si en su libertad responsable es capaz de conducir y desarrollar su aprendizaje y formación.
Continuando y concordando con Villalobos, la didáctica "es el espacio educativo donde el estudiante es responsable de su esfuerzo y de su compromiso, primero consigo mismo y luego con los otros, así como es responsable de luchar contra la ignorancia, el egoísmo y la incompetencia. El docente, por su parte, es responsable y participante de las estrategias de aprendizaje que ofrece a sus estudiantes en el ámbito de la relación didáctica que se desarrolla".
Un abrazo a todos

*Villalobos Marveya (2002. Didáctica integrativa y el proceso de aprendizaje. México, D. F.: Trillas, pp. 45-50

sábado, 6 de diciembre de 2008

La Solidaridad en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Marco Teórico


Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa

Centro de Estudios en Comunicación y Tecnologías Educativas


Maestría en Valores para la Acción Educativa

Sede: FES Cuautitlán, Edo. de Méx.
Tutora: Graciela Galindo
Módulo de Sustento Educativo

La Solidaridad en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos


César Correa Enríquez
06/12/2008


Resumen
Los empleados de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos son actores que pueden generar un cambio en el conocimiento y aplicación de valores éticos y morales en la sociedad. En ellos recae la responsabilidad de actuar, orientar y enseñar a la ciudadanía respecto a dichos valores. El objetivo de este trabajo es saber el nivel de conocimiento del concepto de solidaridad que tienen los empleados de la Coordinación General de Comunicación y Proyectos de ese organismo y la manera que lo aplican en su vida diaria, no sólo en su espacio laboral, sino en la casa y la calle, en el supuesto de que el prestar servicios en un lugar de esas características presupone el manejo y dominio aceptable de este tipo de valores éticos. Para ello se aplicó un cuestionario a 23 de los 48 empleados de la Coordinación de Comunicación, que nos permitió saber que a pesar de que la mayoría de trabajadores se considera solidario, menos de la mitad tiene un conocimiento real del concepto y su aplicación, y sólo el 4% conoce su definición en el código de ética de la propia CNDH.
Palabras clave: solidaridad, valores, comprensión, humanidad, afecto, justicia.

Introducción
De acuerdo a pláticas y conversaciones informales con personal de la Coordinación General de Comunicación y Proyectos de la CNDH, percibí cierta opinión de que en ese departamento no son solidarios entre ellos mismos debido a que prevalecen los intereses individuales sin importarles los demás; no se brindan ayuda y manifiestan que lo que aflora son las envidias, los malos tratos y el egoísmo.
Ante lamentable panorama y considerando que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos es un organismo en donde -por el carácter de su naturaleza- debe prevalecer el conocimiento y dominio claro de valores éticos y humanos, y que dentro de los objetivos de su filosofía institucional se encuentra el “Construir la base ética de actuación del personal de la CNDH, para preservar su naturaleza y fines, que son la defensa, protección y promoción de los derechos humanos”
[1], presento una evaluación del conocimiento del concepto de solidaridad que tienen los trabajadores de la Coordinación General de Comunicación y Proyectos de dicho organismo y cómo lo aplican en su vida diaria en la casa, calle, oficina o cualquier otro sitio.
De tal manera, el objetivo de este trabajo es responder a la siguiente pregunta: ademr servicios ¿En qué medida los trabajadores de la Coordinación General de Comunicación y Proyectos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos aplican la solidaridad?, partiendo de identificar el concepto que tienen de ésta, cómo la entienden, la identifican y la aplican en su vida laboral, familiar y con la comunidad.
En la CNDH se practica la solidaridad por la naturaleza de su función, es la hipótesis que se somete a prueba.
El marco contextual es la Coordinación de Comunicación y Proyectos de la CNDH, que está integrada por 48 personas: 16 que corresponden a mandos medios y directivos y 32 a personal operativo y está ubicada en el cuarto piso del edificio sede con domicilio en Periférico Sur 3469, colonia San Jerónimo Lídice, de la Delegación Magdalena Contreras, en México, D.F., y se realizó durante los meses de abril y mayo de 2008.

Marco teórico
En su “Enseñar la comprensión”, Morin (1999) nos confronta al señalar que somos abiertos a ciertas personas, sobre todo a los más allegados, pero no así a todos los demás para quienes permanecemos la mayor parte del tiempo cerrados o en el peor de los casos, nos ocultamos tras la careta de la indiferencia ante las miserias físicas y morales.
Por su parte, Buxarrais (1998) nos indica que la ausencia de solidaridad ocasiona una deficiente vida pública y que en la actualidad los “valores” del neoliberalismo, como “la moral del éxito”, únicamente conduce al egocentrismo, mismo que lleva a percibir de manera peyorativa las palabras o actos de los demás.
La palabra solidaridad, desde la definición jurídica que proporciona la Real Academia Española (1998), es un modo de derecho u obligación in sólidum y una adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros, definición que comparte el Diccionario Enciclopédico Salvat (1984) y que amplía al señalar que es una “característica de la sociabilidad que inclina al hombre a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación entre ellos”.
Siguiendo la misma descripción sociológica de Salvat, el concepto de “solidaridad social” fue utilizado en el siglo XIV por el árabe Ibn Khaldun como un rasgo fundamental de la sociedad entendida como actividad cooperadora estableciendo el criterio de que cuanto más adversa sea la situación de un grupo, más fuerte es su solidaridad.
Posteriormente el francés Durkheim la divide en mecánica y orgánica, donde la primera es producto de un conformismo uniformado por ideas, sentimientos y creencias, mientras que la segunda es resultante de la irrupción de la división del trabajo con efectos heterogéneos sobre la sociedad. En cambio, desde el punto de vista marxista, la solidaridad se presenta bajo una fundamentación económica conformada en las clases sociales, por lo que sólo puede ser entendida en el marco de cada una de ellas.
En el tema cuatro del curso virtualizado 2003/2004 Sociología y Educación para el Desarrollo y la Solidaridad de la Universidad de Almería, España,
[2] se plantean siete características de la solidaridad:
1. Como actitud moral que cambia la vida de la persona en orden a implicarla con el destino de otro, convirtiéndose en un modo de comprensión como seres humanos;
2. Como opción que genera cambios en la forma de vivir y pensar sin dar pie a la indiferencia;
3. Que enfrenta las causas profundas de la injusticia, los conflictos y el desequilibrio ecológico;
4. Que busca extender el “nosotros” a todos los seres humanos y al entorno natural;
5. Que implica dimensiones del ser humano como la sensibilidad, la justicia, lo racional y la praxis en los cambios de hábitos y conductas;
6. que denuncia las injusticias y propone innovaciones radicales y
7. que está orientada a los más débiles con el afán de desaparecer las desigualdades.

Algunos de los anteriores puntos no están apartados de la concepción humanista con que se aborda esta evaluación como algo inherente al ser humano, como un valor importante que puede y debe ser aprendido para la mejor convivencia y comprensión de las personas pero, fundamentalmente, como un principio transformador, universal, sensible y racional orientado a los más débiles.
Objetivo similar de la solidaridad como actitud y valor persiguen Traver y García (2006) quienes plantean que solo se puede ser solidario a partir del respeto a las diferencias individuales y su complementación en un proyecto compartido en el que se pretendan lograr beneficios generales porque con ese respeto se manifiesta una de las actitudes solidarias.
Su aportación es en el entendido de que en las relaciones solidarias existe una relación fraternal de ayuda mutua; una conciencia de que se pueden lograr intereses comunes respetando las diferencias individuales; de buscar el consenso, la justicia y la comprensión. La solidaridad como actitud y valor es necesaria para la formación de ciudadanos capaces de actuar para el bien común y que contribuyan responsablemente a la mejora de su comunidad en una sociedad democrática (Traver y García, 2006).
Se parte también de la base que plantea la profesora Rosa Buxarrais (1998) en el sentido de que:
…la solidaridad es una actitud, una disposición aprendida, que tiene tres componentes: cognitivo, afectivo y conativo. De aquí que los conocimientos que una persona tiene son suficientes para fundamentar la actitud acompañados del componente afectivo –el fundamental-, y el conativo o comportamental que sería el aspecto dinamizador de dicha actitud. (p.2)

Para ella, el concepto de solidaridad “implica afecto: la fidelidad del amigo, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la apuesta por causas impopulares o perdidas”, como un deber de solidaridad.
Por otro lado, cita a Victoria Camps manifestando que la solidaridad no es un concepto frecuente ni central de la ética, como la justicia, pero que sin embargo se debe tomar como condición de ésta y que va ligada a ella como complemento.
En su análisis del concepto nos ofrece tres componentes que califica como esenciales (Buxarrais, 1998):
1) Compasión: porque la solidaridad es un sentimiento que determina u orienta el modo de ver y acercarse a la realidad humana y social, condiciona su perspectiva y horizonte: Supone ver las cosas y a los otros con los ojos del corazón, mirar de otra manera. Conlleva un sentimiento de fraternidad, de sentirse afectado en la propia piel por los sufrimientos de los otros que son también propios.
2) Reconocimiento: no toda compasión genera solidaridad, sólo aquella que reconoce al otro en su dignidad de persona. La solidaridad así tiene rostro, la presencia del otro demanda su respuesta.
3) Universalidad: “La desnudez del rostro”, la indefensión y la indigencia es toda la humanidad y simboliza la condición de pobreza de esfera intimista y privada.

Un claro ejemplo de este tipo de investigaciones lo dan los chilenos Román e Ibarra (2007), en su trabajo Solidaridad: significados, valoraciones y prácticas, plantean que el uso de la palabra solidaridad se puede aplicar en distintos contextos y diversos aspectos de la vida social, y plantean cuatro tipos de solidaridad:
Solidaridad distributiva y de oportunidades sociales, donde acciones que apuntan hacia una disminución de las desigualdades sociales y hacia la ampliación de las oportunidades en el ámbito de la educación y el trabajo para los grupos sociales de menores recursos. Sus principales actores son el Estado, los políticos y los empresarios.
Solidaridad de convivencia y ayuda cotidiana. Se basa en tres tipos de acciones: de apoyo emocional y psicológico; de buena convivencia y acciones de ayuda y colaboración hacia personas con las que convive cotidianamente.
Solidaridad de ayuda voluntaria, que agrupa a dos tipos de acciones: las realizadas a través de instituciones y las de carácter colectivo que se realizan con el objeto de ayudar a personas cercanas.
Solidaridad de ayuda material a los más necesitados. Agrupa a aquellas acciones centradas en la ayuda en dinero o bienes materiales dirigida a personas en situación de necesidad o instituciones de beneficencia.
Solidaridad mediada por el mercado. Reúne acciones de ayuda que se llevan a cabo a través de mecanismos comerciales.
Con todo lo manifestado en los diversos conceptos teóricos vemos que el bienestar de los otros, manifestado en gran medida bajo el concepto de solidaridad, no significa ni conlleva a que cada uno descuide su propia persona ni tampoco a olvidar que el bienestar material puede llegar a generar individuos insolidarios, despreocupados de la suerte de los demás.
Por otro lado, el Código de Ética y Conducta de los Servidores Públicos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, es una referencia obligada en esta evaluación porque además de definir los antecedentes, exposición de motivos, filosofía institucional, objetivos y misión, que se entiende, deben seguir como norma los trabajadores de dicho organismo, dentro de los valores que manifiesta se encuentra el de la solidaridad, al que define, “consiste en la atención y ayuda desinteresada que unos seres humanos brindan a otros por el simple hecho de pertenecer al género humano. La solidaridad es el rostro del amor”.
[3]
Con todo lo anterior, el concepto de solidaridad se aborda desde un principio ético basado no sólo en la actitud moral de la persona sino también como un principio de ayuda y colaboración que transforma las relaciones humanas y sociales. Un modo de ser comprensivo que combate la indiferencia ante la injusticia y el abuso.

Referencias
Buxarrais, Ma. Rosa (1998). Educar para la Solidaridad. Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación la Ciencia y la Cultura. Educación en Valores. Recuperado en marzo de 2008 de
http://www.oei.es/valores2/boletin8.htm

CNDH. Código de ética y conducta de los servidores públicos de la Comisión Nacional de los derechos Humanos. Recuperado en marzo de 2008 de:
http://cndh-intranet/ofmayor/dgrechum/scivcarr/codEtica.htm

Galván, S. “Estrategia para la recolección de información”. Telesesión 12 del módulo de Investigación de la maestría en Valores para la Acción Educativa del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa, efectuada el 22 de abril de 2008 en la sala de videoconferencias de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM.

Hernández, R., Fernández-Collado, C. & Baptista, P (2007). Metodología de la Investigación. México: Mc Graw Hill.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Francia. Organización de las Naciones Unidas.

Nocera, Pablo. Aproximaciones para una historia de la formulación sociológica del concepto de solidaridad. Su trayectoria conceptual en el pensamiento francés hasta la sociología de Émile Durkheim. Recuperado el 7 de octubre del 2008 de:
www.iigg.fsoc.uba.ar/jovenes_investigadores/4jornadasjovenes/EJES/.../Ponencias/NOCERA,%20Pablo.pdf

Real Academia Española (1992). Diccionario de la Real Academia Española. 21a edición. España: Autor.

Román, José Antonio e Ibarra, Sebastián (2008). Solidaridad: significados, valoraciones y prácticas. Chile: Facultad de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado.

Salvat (1984). Solidaridad. En Diccionario Enciclopédico Salvat Universal (Vol. 18, p. 490). España: Autor.

Traver Martí, Joan Andrés & García López, Rafaela. (2006). La técnica puzzle de Aronson como herramienta para desarrollar la competencia “compromiso ético” y la solidaridad en la enseñanza universitaria. Revista Iberoamericana de Educación. Recuperado en marzo de 2008 de
http://www.rieoei.org/1519.htm

Universidad de Armería (2004). Tema 4: El concepto de la solidaridad: enfoques y aplicaciones. En Curso virtualizado Sociología y Educación para el Desarrollo y la Solidaridad. Recuperado en marzo de 2008 de:
http://www.ual.es/Universidad/Depar/Sociologia/socdes/tema4.doc




[1] Código de Ética y Conducta de los Servidores Públicos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, rescatado en marzo de 2008 de: http://cndh-intranet/ofmayor/dgrechum/scivcarr/codEtica.htm


[2] Archivo PDF que no cuenta con fecha de creación ni autor y que fue rescatado en abril de 2008 de: http://www.ual.es/Universidad/Depar/Sociologia/socdes/tema4.doc
[3] Código de Ética Ibidem.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Aplicación de los Derechos Humanos a la autoestima y a la participación social

Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa
Centro de Estudios en Comunicación y Tecnologías Educativas
Aplicación de los Derechos Humanos a la autoestima
y a la participación social
César Correa Enríquez
Maestría en Valores para la Acción Educativa
Sede: FES Cuautitlán, Edo. de Méx.
Tutora: Graciela Galindo
Módulo de Sustento Educativo

Palabras clave: Derechos humanos, autoestima, dignidad, participación social, responsabilidad, libertad.
Introducción
Los derechos humanos son la protección o expresión de la dignidad del hombre[1] y ésta se sustenta en la autoestima como un valor que permite conocerse así mismo, aceptarse y autoevaluarse con el fin de buscar el perfeccionamiento propio y el de lo demás. Así, la persona va creciendo y su participación en la sociedad se vuelve moralmente buena, tolerante, justa y solidaria.
En este pequeño trabajo se explica la importancia que tienen los derechos humanos en el desarrollo de la autoestima como una forma natural y necesaria de valorarnos y valorar a los demás como miembros de una sociedad que busca una mayor participación democrática y libre.
Derechos humanos
Los derechos humanos, también llamados derechos naturales, explican Beuchot & Saldaña (2000), surgen de tres aspectos importantes: de un derecho fundamental, como es el derecho de la persona a ser; el derecho de la persona a su libertad y los derechos de la persona que se derivan de los fines propios de ella y están en el estatuto natural del propio hombre, que posee por naturaleza, por el simple hecho de existir.
Por lo tanto, los derechos humanos tienen como base su radicalidad en la persona, son derechos reales que están inherentes a cada humano y cuidan la dignidad de éste por el simple hecho de que el ser humano es una persona, tiene una dignidad y los derechos humanos son la protección natural de esa dignidad.
Y bien, la dignidad es la condición que cada humano puede exigir de ser tratado como semejante a los demás, sea cual fuere su sexo, ideas, color de piel, condición económica, gustos, etc., ser tratado como persona. La dignidad se sustenta en la autoestima, ese sentimiento que tenemos de valorarnos a nosotros mismos, de aceptarnos como somos, de reconocernos.
Autoestima
Un adecuado nivel de autoestima en una persona se basa en la habilidad para conocerse, aceptarse y valorarse incondicionalmente y entre mejor se conozca se valore y se aprecie, será mejor valorada y apreciada por otros. Una ventaja que tenemos las personas es que la autoestima puede formarse, desarrollarse y reconstruirse cuando tenemos algún problema.
María del Carmen Quiñones (2008), clarifica que la autoestima se encuentra formada por cuatro pilares:
Vivir concientemente, hacernos conscientes de quiénes somos, que nos reconocemos como seres vivos, que tenemos intelecto y voluntad, con propósitos, ilusiones e ideales.
Aceptación de sí mismo tanto al exterior como al interior, con nuestras capacidades, fortalezas y debilidades.
Responsabilidad de sí mismo y del desarrollo que queremos, o de quitar o limitar aquello que nos está afectando.
Autoafirmación. Una vez que coincide lo que siento con lo que creo, pienso y hago, adquiero congruencia y con eso estoy adquiriendo el valor fundamental de la unidad, de la verdad, de la bondad, porque sé lo que es bueno y tomo lo esencial. De esa manera puedo empezar a vivir con propósito, con un proyecto de vida donde puedo administrar mi tiempo, mis recursos, mis relaciones y así, poder tener integridad personal.
La integridad personal es lo que nos permite mantener el nivel adecuado de autoestima porque cuando somos congruentes con lo que somos, queremos y hacemos, somos de una sola pieza, somos íntegros.
Ser congruente con nuestros gestos y nuestros dichos, así como ser abierto al escuchar y aceptar el lenguaje del orto además de cuidar las expresiones de afecto y reconocimiento siendo claros precisos y sinceros, son elementos que contribuyen a incrementar y afianzar la autoestima.
Este valor es de vital importancia porque con él se contribuye a que el ser humano crezca con la convicción de que es estimado y valorado, que es merecedor de la felicidad y buscará relacionarse socialmente y desarrollar su sentido de pertenencia e identidad a una familia, una colonia, una sociedad, una nación, un planeta.
Los derechos humanos protegen y fortalecen la dignidad de las personas. Si el hombre no es consciente de su propia dignidad, es el primero que obstaculiza sus derechos y mucho menos puede respetar la dignidad y los derechos de sus semejantes.
Cuando el hombre tiene autoestima, fortalece su dignidad, se reconoce como valorado y reconoce también el valor de los demás. En ese momento está respetando y valorando los derechos humanos de todo aquel con el que convive, favoreciendo intercambios culturales que refinan la manera de satisfacer distintas necesidades para mejorar el desarrollo de la vida humana, protege y se solidariza con el débil y el oprimido.
Conclusión
Los derechos humanos son inherentes a la naturaleza humana y son la expresión y protección de la dignidad del hombre que como individuo, por el simple hecho de existir, merece respeto. La persona tiene que crecer con autoestima y dignidad, con valores fundamentales como la solidaridad, el respeto, el aprecio, la responsabilidad, y así alcanzar madurez personal para desempeñar un papel de buen ciudadano que entable relaciones interculturales, elimine toda forma de racismo y discriminación, se preocupe por la justicia, sea participativo y colaborativo para lograr una mejor calidad de vida.
Una persona con autoestima reconoce sus derechos como ser humano, al mismo tiempo que los derechos humanos contribuyen a la autoestima de la persona. La buena convivencia entre personas genera buena calidad de vida, mejores sociedades, respetuosas y justas.
El hombre forma parte de una sociedad donde se desenvuelve bajo reglas de interacción y participación en cuyo contexto pone en práctica individual y colectivamente sus conocimientos, actitudes y habilidades, además de los valores propios de la convivencia democrática.




Referencias
Beuchot, Mauricio y Saldaña, Javier. Derechos humanos y naturaleza humana,
UNAM, México 2000.
Comisión Nacional de los Derechos Humanos. (2007). La familia y los derechos
humanos. México: Autor.
Helios, Centro Holista. (2007). Autoestima. Recuperado el 7 de agosto de 2008,
de: http://www.helios3000.net/desarrollo/autoestima.shtml
López de Llergo, Ana Teresa. (2000). Valores, valoraciones y virtudes. México:
Patria.
López de Llergo, Ana Teresa. (2000). Educación en valores, educación en
virtudes. México:Patria.
Martínez Bullé-Goyri, Víctor M. (2008). Telesesión 8 (8-09-2008) del Módulo
Sustento Educativo de la Maestría en Valores para la Acción Educativa. México: Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa.
Naval, Concepción & Laspalas, Javier. (2000). La educación cívica hoy.
España: EUNSA
Ostrosky-Solís, Feggy (2008). Mentes asesina. La violencia en tu cerebro,
México, D.F.: Quo libros.
Quiñones, Ma. Del Carmen. (2008). Telesesiones 1, 2, 3 y 4 del Módulo
Sustento Educativo de la Maestría en Valores para la Acción Educativa.
México: Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa.
Savater, Fernando. (2004). El valor de educar. (19th ed.). Barcelona, España:
Ariel.
Savater, Fernando. (2004). Ética para amador. (16th ed.). Barcelona, España:
Ariel.
Wikipedia (2008). Autoestima. Rescatado el 7 de agosto de 2008, de
http://es.wikipedia.org/wiki/Autoestima


[1] Martínez Bullé-Goyri, Víctor M. (2008). Telesesión 8 (8-09-2008) del Módulo Sustento Educativo de la Maestría en Valores para la Acción Educativa. México: Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa.

Importancia de la aplicación de los valores de autoestima, comunicación, responsabilidad y libertad, en la familia

Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa
Centro de Estudios en Comunicación y Tecnologías Educativas
Importancia de la aplicación de los valores de autoestima, comunicación, responsabilidad y libertad, en la familia
César Correa Enríquez
Maestría en Valores para la Acción Educativa
Sede: FES Cuautitlán, Edo. de Méx.
Tutora: Graciela Galindo
Módulo de Sustento Educativo


Palabras clave: familia, valores, autoestima, comunicación, responsabilidad, libertad.
Introducción
Conforme a la importancia que a través del tiempo ha tenido y tiene la familia como fuente primaria de conocimientos y afectos que van definiendo el comportamiento y socialización del niño, y como la más antigua de las instituciones humanas donde se producen y trasmiten hábitos, conductas y valores que orientan la vida de cada individuo, en este trabajo se expone que la aplicación de valores como la autoestima, la comunicación, la responsabilidad y la libertad, contribuyen a esa importancia, que es de fundamental relevancia en la formación de hombres buenos.
Se explica el concepto de cada uno de estos valores y su importancia en la educación familiar, aclarando que independientemente de enseñarse y aplicarse, no se pueden desligar pues están interrelacionados en una transversalidad de actuación y enseñanza familiar.
La autoestima como un valor que permite conocerse así mismo, aceptarse y autoevaluarse; la comunicación para enviar mensajes verbales o no verbales pero que sean entendidos por las otras personas; la responsabilidad como necesidad de responder a las consecuencias de nuestros actos libres y esa libertad que ejercemos a través de nuestro albedrío, son valores de real importancia en la relación familiar que al aplicarse como sus ejes conductores, genera hombres moralmente buenos, tolerantes, justos y solidarios.
La trascendental educación familiar
Trascendental y extraordinariamente importante es la educación que un infante recibe desde la más temprana edad en el seno familiar pues es ahí donde se adquieren las primeras normas de conducta y de relación, vinculadas a lo que se considera un comportamiento moralmente bueno y de respeto para con los demás.
En la familia se desarrollan vínculos emocionales que a través de lazos afectivos trascienden y condicionan las relaciones de sus miembros con la sociedad. La calidad de esos primeros vínculos será el prototipo a lo largo de su vida. Los infantes repiten algún comportamiento aprendido en la familia, creen en algo que creyeron sus padres y ya siendo adultos, lo transmiten consciente o inconscientemente a sus hijos, y así de generación en generación.
Cuando la experiencia de vivir en familia es placentera y nutritiva, una persona puede crecer y crear en el futuro, medios y situaciones similares en un ambiente de afecto, cooperación, comunicación e interacción constante y duradera. Pero cuando su experiencia familiar es dolorosa y poco satisfactoria, aumentan las posibilidades de que esa persona busque otras alternativas para explicarse el mundo y adaptarse a él. Datos del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), señalan que “en uno de cada tres hogares mexicanos, un menor es víctima de violencia intrafamiliar o de abuso sexual” , dañando gravemente su autoestima y personalidad.
El amor, la comprensión y el apoyo en una armonía familiar, son campo fecundo para el cultivo de valores que conforman costumbres, normas no escritas, que regulan y definen comportamientos deseables que se arraigan en la estructura de la personalidad y hacen más difícil su cambio. Y es precisamente en el seno familiar donde se adquieren las primeras normas de conducta y relación, vinculadas a lo que se considera un comportamiento moralmente bueno y a una adecuada relación de respeto con el otro.
Existe también la otra cara de la moneda, la de los aspectos negativos de la familia actual, donde la convivencia resulta escasa, difícil y a veces rara o extraña, debido muchas veces a que los padres están ausentes porque tienen que trabajar y los hijos se encuentran la mayor parte del tiempo con los abuelitos, algún otro pariente, o en el peor de los casos, solos.
Ocurre también que las familias se rompen con mucha frecuencia y a veces se reconstruyen con un nuevo cónyuge y entonces los hijos tienen que convivir con personas que no son su padre o su madre, sintiéndose desprotegidos y percibiendo desequilibrios familiares, sobre todo cuando aunado a lo anterior son víctimas de maltrato, lo que con frecuencia los marca para toda la vida. Mario Garza Salinas, titular del diplomado de Seguridad Pública de la Universidad Iberoamericana, asegura que: “Es en la casa donde, ante una familia disfuncional (divorciada o con violencia de alguno de los cónyuges), los adolescentes crecen sin valores firmes, carentes de solidaridad, sin apego a su entorno; delincuentes en potencia”.
De acuerdo a un patrón realizado por John Borkowski, citado por Ostrosky (2008), en las familias existen cuatro tipos de padres: los dictatoriales, controladores, rígidos, exigentes y fríos que demandan obediencia ciega de parte de sus hijos quienes tienden a crecer retraídos y poco sociables; los permisivos, quienes demandan muy poco de sus vástagos y no se perciben como responsables de su desarrollo ni ponen límites ni controles a su conducta, haciendo a los niños dependientes e inestables emocionalmente; los padres que no se involucran, que muestran conductas indiferentes y de rechazo a sus hijos con total desapego emocional creyendo que su única responsabilidad es aportar “techo, comida y ropa”. Éstos son los que más afectan a los niños ya que la falta de apego afectivo altera su desarrollo emocional dañando su desarrollo físico y cognoscitivo.
Siguiendo con la misma cita de Ostrosky, Borkowsky dice que también están los padres con autoridad, que establecen límites claros y consistentes con apoyo afectivo a sus hijos, haciendo de la comunicación, las explicaciones y los razonamientos, una constante. Los vástagos de este tipo de padres se vuelven seres independientes, amigables, asertivos, cooperativos, con una conducta apropiada consigo mismos y en sus relaciones interpersonales.
Con lo anterior podemos darnos cuenta de la importancia que tiene la familia en transmisión y enseñanza de valores trascendentalmente fundamentales como la autoestima, comunicación, libertad y responsabilidad, de una generación a otra, porque desde que nace, el ser humano comienza a recibir y aprender afectivamente las normas de comportamiento que le son transmitidas y que se consideran buenas, adecuadas y formativas de hombres de bien.
Autoestima
Ese sentimiento que tenemos los seres humanos de conocernos, valorarnos, autoevaluarnos a nosotros mismos, de aceptarnos como somos, de reconocer nuestras propias capacidades y eficacia, pero que además valemos por lo que somos, es la autoestima.
Un adecuado nivel de autoestima en una persona se basa en la habilidad para conocerse, aceptarse y valorarse incondicionalmente y entre mejor se conozca se valore y se aprecie, será mejor valorada y apreciada por otros. Y una ventaja que tenemos las personas, es que la autoestima puede formarse, desarrollarse y reconstruirse cuando tenemos algún problema.
María del Carmen Quiñones (2008) explica claramente que la autoestima se encuentra formada por cuatro pilares:
Vivir concientemente, hacernos conscientes de quiénes somos, que nos reconocemos como seres vivos, que tenemos intelecto y voluntad, con propósitos, ilusiones e ideales.
Aceptación de sí mismo tanto al exterior como al interior, con nuestras capacidades, fortalezas y debilidades.
Responsabilidad de sí mismo y del desarrollo que queremos, o de quitar o limitar aquello que nos está afectando.
Autoafirmación. Una vez que coincide lo que siento con lo que creo, pienso y hago, adquiero congruencia y con eso estoy adquiriendo el valor fundamental de la unidad, de la verdad, de la bondad, porque sé lo que es bueno y tomo lo esencial. De esa manera puedo empezar a vivir con propósito, con un proyecto de vida donde puedo administrar mi tiempo, mis recursos, mis relaciones y poder tener integridad personal.
La integridad personal es lo que nos permite mantener el nivel adecuado de autoestima, porque cuando somos congruentes con lo que somos, queremos y hacemos, somos de una sola pieza, somos íntegros.
Logramos la autoestima a través del lenguaje no verbal cuando una persona nos toca el hombro, nos sonríe, nos reconoce; a través de señales que le permitan al otro darse cuenta de que me estoy equivocando, porque cuando una persona no voltea a verte a los ojos, es señal de que no le importas y de que no te quiere poner atención. Por eso, una sencilla mirada puede ayudar a elevar la autoestima.
Ser congruente con nuestros gestos y nuestros dichos, así como ser abierto al escuchar y aceptar el lenguaje del orto además de cuidar las expresiones de afecto y reconocimiento siendo claros precisos y sinceros, son elementos que contribuyen a incrementar y afianzar la autoestima.
Este valor es de vital importancia dentro de la vida familiar porque se contribuye a que los hijos crezcan con la convicción de que son estimados y valorados, que son merecedores de la felicidad y que son competentes para enfrentarse a la vida con confianza y optimismo.
Comunicación
La comunicación es un valor que se caracteriza por manifestar la sociabilidad, que pretende compartir lo propio con los semejantes a través de un lenguaje verbal o no verbal, que la otra persona entienda. Sale de nosotros y de nuestra intimidad para proyectar al otro lo que somos, pensamos y sentimos.
Este valor es fundamental porque en él va implícito no sólo quiénes somos sino lo que queremos mostrar, enseñar y aprender. A través de nosotros, de nuestra comunicación, podemos llevar al otro y guiarlo por la transversalidad de los autovalores, la autoaceptación, la autoestima y la autoformación.
Se enseña a través del lenguaje escrito oral o corporal, pero se enseña más a través de nuestros valores, nuestras opiniones, creencias y conocimientos. La comunicación a través de los vínculos afectivos en la familia permite a los niños aprender a sentir, pensar y concebir el mundo de un determinado modo. Explicarles el porqué de lo bueno y de lo malo y transmitirles la diferencia y sus respectivas consecuencias, les permite desarrollarse como personas justas, democráticas y equilibradas.
La comunicación dentro de la familia proporciona al niño la estabilidad necesaria para que a su vez se comunique adecuada y afectivamente con los seres que lo rodean fuera de ella, socializándose y expandiendo los lazos fraternales cultivados para una mejor convivencia.
El saber escuchar es también parte de una buena comunicación y es uno de los elementos de los que más se lamentan los jóvenes dentro de la familia pues se quejan de que no pueden hablar con sus padres y que no tiene oportunidad de ser escuchados debido a que el trabajo o los negocios los tienen ocupados.
Frecuentemente lo que lleva a un conflicto es no comunicarse y en la familia adquiere vital importancia porque hacer suposiciones y arribar a conclusiones precipitada o basadas en una verdad subjetiva sin mediar explicaciones, escuchar o dialogar, a lo único que lleva es a enviar un mensaje duro al otro, privándolo o dificultándole la capacidad de entender a cabalidad.
Libertad
Nuestra libertad es dada o manifestada a través de nuestra voluntad, por lo tanto, la libertad es cuando el ser humano es capaz de elegir por su libre albedrío, cuando toma decisiones de manera personal y autónoma en pro del bien que nos marca nuestra propia voluntad, es decir, la autodeterminación del bien debido.
Siguiendo a Quiñones (2008), existen tres tipos de libertad que se encuentran ubicados en dos niveles diferentes: En el nivel óptico, que es básicamente el del ser, se encuentra lo que conocemos comúnmente como libre albedrío, que es el fundamento de elección y trascendencia. En el nivel operativo tienen cabida nuestras facultades espirituales que son la inteligencia y la voluntad, y en él localizamos el segundo tipo de libertad, el de especificación, que tiene que ver con la influencia de la voluntad con protagonismo de la inteligencia. La libertad de ejercicio es el tercer tipo que da actividad plena de voluntad con apoyo de la inteligencia. Es la posibilidad de hacerlo inmediatamente, es el acto mismo de la voluntad.
Octavio Paz, en una cita que de él hace Savater (2004), nos dice que “La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No.” Esa conciencia de la que habla Paz es guiada por la voluntad que apetece lo bueno, es, como dice Quiñones, la autodeterminación del bien debido.
En otra obra, el mismo Savater (2004) nos señala que los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida, que podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros y que va acorde a nuestros principios éticos, principios que se inculcaron en gran medida durante nuestra vida familiar. Para el filósofo español, “Ser libre es liberarse: de la ignorancia prístina, del exclusivo determinismo genético moldeado según nuestro entorno natural y/o social, de apetitos e impulsos instintivos que la convivencia enseña a controlar.
Responsabilidad
Cada elección que el niño o el joven realizan con libertad en su vida familiar, va determinando decisivamente la orientación de elecciones futuras, y ello no es un argumento contra la libertad, sino el motivo para tomarla en serio y ser responsable de sí mismo, de su salud, de sus actos, de su conocimiento y de sus acciones.
La ausencia de responsabilidad en el reconocimiento de nuestras decisiones, de nuestros actos y de sus consecuencias no sólo merma nuestra libertad sino que nos hace cobardes. Ser responsable es saberse auténticamente libre para bien y para mal, es ser valiente y enfrentar las consecuencias de lo que hemos hecho, remediar lo malo que pueda remediarse y aprovechar al máximo lo bueno.
Al respecto, Savater (1994) aclara:
El meollo de la responsabilidad, por si te interesa saberlo, no consiste simplemente en tener la gallardía o la honradez de asumir las propias meteduras de pata sin buscar excusas a derecha e izquierda. El tipo responsable es consciente de lo real de su libertad. Y empleo “real” en el doble sentido de “auténtico” o “verdadero” pero también de “propio de un rey”: el que toma decisiones sin que nadie por encima suyo le dé órdenes. Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando.

Conclusiones
Debido a la fuerte presencia que tiene la familia en la educación más temprana del niño, su papel es trascendentalmente importante en la configuración de valores fundamentales como los de la autoestima, comunicación, responsabilidad y libertad.
La educación fraternal de la familia marca sin duda el presente y futuro del ser humano, por eso es muy importante que las familias se tomen muy en serio el proceso de educación y formación en valores de los hijos, para que a su vez se conviertan en buenos padres.
La aplicación de los valores expuestos en este trabajo es trascendentalmente importante en todos los actos formativos de la vida familiar porque su transversalidad permite contribuir al desarrollo de mejores seres humanos, seguros, honrados, responsables, solidarios, capaces de ponerse en el lugar del otro, libres, pero fundamentalmente buenos y justos.
La familia sigue siendo vínculo privilegiado en la transmisión de valores porque funciona por la vía del ejemplo, no por sesiones discursivas de trabajo, y está apoyada por hábitos sentimentales, del corazón, lo que hace que lo aprendido en familia tenga una indeleble fuerza persuasiva que sirve para el acrisolamiento de principios que posteriormente resistirán los embates de la vida.
Queramos o no, la familia es y seguirá siendo el lugar donde se adquieren y aprenden las primeras normas de conducta de los niños porque es ahí donde reciben, las primeras nociones sobre lo que se debe y no se debe hacer, lo que se puede y no se puede, lo bueno y lo malo; es el primer canal de transmisión de valores permeados por lazos afectivos que se convertirán en prototipo para otras relaciones a lo largo de su vida.



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